Loiba, en la provincia de A Coruña, se abre al Atlántico como un balcón natural donde la fuerza del mar y la memoria marinera dialogan sin descanso. Sus acantilados, horadados por cuevas secretas, reciben cada día el ímpetu de las olas, mientras las playas solitarias y los miradores parecen invitar al viajero a detener el tiempo y dejarse envolver por la inmensidad.