La
ciudad de los muertos de El Cairo acoge a vivos y muertos en un espacio de poco más de seis kilómetros. Allí, los cairotas conviven con los que ya no están
en este mundo y su día a día transcurre entre mausoleos y tumbas.
A la
sombra de la montaña Moqattam descansan desde sultanes, princesas y príncipes,
hasta las más humildes de las personas. Es un cementerio inmenso que a partir
de 1967, con el conflicto árabe israelí, comenzó a ser habitado también por los
vivos, haciendo en ocasiones su hogar en las mismas sepulturas o en sencillas edificaciones construidas junto a
ellas.
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La ciudad de los muertos de El Cairo - Autor: Víctor del Pozo Mi patria son mis zapatos |
La
tradición egipcia propiciaba que a los muertos se les enterrase en unas
estancias amplias, siempre que las familias se lo pudiesen permitir, para que
sus seres queridos pasaran los cuarenta días de duelo en su compañía.
Los
negocios de los ciudadanos de esta curiosa urbe, a la que llaman Al Qarafa, llenan el espacio donde vida y muerte se
juntan bailando una danza macabra y natural a un mismo tiempo, sobre
lápidas donde igual se deja la ropa secar al sol que juegan o comen los niños,
ajenos a lo inusual del paisaje. Y como toda ciudad, también escuelas y alguna
mezquita salen al paso entre las polvorientas calles.
A la entrada, un
encargado de la seguridad controla a todo aquel que intenta adentrarse en esta
necrópolis, donde viven alrededor de un millón de personas que no pueden
acceder a una vivienda digna por falta de recursos. Y como todo espacio
donde la pobreza campa a sus anchas, es un lugar que alberga cierto peligro en
algunas ocasiones, a pesar de que indudablemente despierta la curiosidad de los
turistas que visitan la ciudad de El Cairo y no pueden evitar adentrarse por sus insólitas calles.
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